La paradoja del poder

Se avecinan tiempos en los que las decisiones a tomar parecen cada vez más difíciles y los riesgos cada vez más altos. Más aún, estas decisiones parecen afectar un número creciente de ámbitos de la sociedad. Las soluciones a los desafíos que deberemos enfrentar pueden encontrarse en los focos de poder e influencia, en los grupos que poseen la capacidad de generar cambio real y duradero. Sin embargo, las causas de estos mismos problemas y desafíos pueden encontrar sus raíces en los mismos focos de poder, debido a malas decisiones, corrupción y negligencia.

Parece lógico en este panorama, cuestionar la manera en la que se desenvolverán los acontecimientos. Con este fin, proponemos analizar los distintos escenarios posibles a través del uso del poder en cada uno de ellos. Desde los sistemas mediante los cuales cederemos nuestro poder de decisión, hasta las personas en quienes recaerá el verdadero poder de acción y las tecnologías que facilitarán o no el proceso en su conjunto. ¿Quiénes serán los que tengan la última palabra en estas decisiones? ¿Cómo podremos ser parte de este proceso de manera relevante? ¿Será posible empezar a armar un panorama que nos ayude a dejar de lado los supuestos y poner en marcha un verdadero plan de acción?

Subtemas

Los siguientes textos profundizan las ideas principales de cada subtema de esta edición.

En sintonía con la tecnología

En sintonía con la tecnología
Durante miles de años, la raza humana ha evolucionado lentamente sin encontrarse con alteraciones en su entorno que exigieran una modificación notoria en su forma de vida. El cambio lineal era nuestra guía, donde podíamos pronosticar el futuro con evidencia prometedora de una continuación del presente. La Revolución Industrial fue el primer suceso tecnológico lo suficientemente drástico para afectar a la mayor parte de la población terrestre. Al no presentar precedente alguno, es comprensible entonces el descontento y miedo de la mayoría hacia la transformación desconocida de su entorno. Nunca antes se nos había presentado tal ocasión y no nos sentimos preparados para ella; nos era antinatural. Pero, ¿cuánto más podemos seguir usando esta excusa?
Desde el siglo pasado, escritores y series de televisión fantasearon con cómo sería el presente, inventando historias del fin del mundo por la toma del poder de robots. Y por mucho tiempo creímos estos cuentos de ciencia ficción, pero ¿por qué lo hicimos? ¿Tenemos evidencia de que se haya cumplido alguna “predicción”? Con seguridad podemos decir que hay un mundo tecnológico que no pudieron conjeturar, con innovaciones como impresión 3D, monedas cibernéticas, internet de las cosas, análisis de data y prótesis electrónicas, entre otras. Al vivir en una era de constante cambio tecnológico, ¿es esencial mantenernos informados acerca de los incesantes avances? ¿Será necesario para tomar conciencia sobre nuestros nuevos roles en la sociedad, junto con el de las máquinas? Indudablemente, el desarrollo de estos cambios nos hace replantearnos cómo alcanzaremos el equilibrio para una provechosa convivencia, cuando un principal aspecto de nuestras vidas se ve amenazado: el trabajo. ¿Es razonable que no estemos dispuestos a entregarlo? ¿Será que no queremos concederles responsabilidades de las que nos sentimos dueños? ¿Hasta qué punto queremos otorgarle poder a la tecnología por sobre nosotros? ¿Estamos dispuestos a compartirlo y formar un equipo?
Con un historial lleno de altibajos emocionales respecto a los distintos usos de las tecnologías, ¿cómo nos afecta realmente? Primero debemos admitir que dependiendo el aspecto o ámbito en nuestras vidas sobre el que tenga un impacto directo o indirecto, tenemos una opinión diferente. Por ejemplo, nos gusta que calculen, que almacenen información, que reduzcan tiempos de búsqueda y que mejoren nuestra calidad de vida. No nos gusta que nos reemplacen en nuestros trabajos, que tomen decisiones por nosotros conscientemente, ni que hagan mejor lo que nosotros hacemos “mediocremente a los ojos de” una computadora. ¿Pero cuánto duran estas opiniones? ¿Cuánto tiempo necesitamos para acostumbrarnos y verlo como un beneficio o incluso que sea imprescindible? En la Revolución Industrial, el uso de maquinaria para escribir textos, dejó a muchos en desempleo, quienes posiblemente fueron profunda y prolongadamente perjudicados. Actualmente a muy pocos se les ocurriría argumentar que la imprenta fue un perjuicio, dado que a la distancia es más fácil admirar los beneficios que esta trajo, en conjunto con nuevas ofertas laborales. En conclusión, hay casos en los que no podemos negar que la tecnología mejora servicios y otros en los que nos es difícil inclusive admitirlo. ¿Qué es lo que nos disgusta, lo que no podemos aceptar? ¿Será que no queremos rediseñar nuestras costumbres (leyes, actividades, formas de socializar, sistemas económicos, etc)? ¿Acaso la tecnología nos quita poder y derecho sobre nuestras decisiones? Haciendo referencia particularmente al sector militar, vale la pena preguntarnos si nos preocupan más las posibilidades de máquinas diseñadas para matar o el humano que está detrás de estas. ¿Qué sucederá si le quitamos el factor humano a la guerra? ¿Quién tomará las decisiones en ella?
¿Y si la propia tecnología sigue creando más por sí sola, evolucionando su propia especie, cuál sería el lugar de los humanos? ¿Qué hacer entonces cuando los modelos que seguimos durante los últimos miles de años se vuelven obsoletos? La competencia sí parece haber llegado a su fin cuando observamos que no tenemos manera de hacer ciertas cosas mejor que la tecnología. ¿Será la solución invertir nuestras vidas en aquello que las máquinas no pueden dominar, como algunos expertos opinan? ¿Cuáles serán habilidades que demuestren tener características únicamente humanas? ¿Habrá alguna que la tecnología jamás alcance e imite? ¿Será el mayor poder de la tecnología enriquecer la cultura humana, algo que siempre intentamos fomentar y fallamos mayoritariamente? Tal vez sea sólo cuestión de tiempo hasta que exista un programa que nos desafíe en los campos que creemos solo humanos como el arte y el deporte, dado que actualmente existen proyectos que combinan algunos de estos con algoritmos. Pero, ¿por qué hablar sólo de competencia? ¿Por qué no creer que este es el nacimiento de una simbiosis entre dos especies colaborativas, destinadas a complementarse en la resolución de problemas en común?

Sistemas enfrentando la obsolescencia

En sintonía con la tecnología
Se ha vuelto rutina escuchar sobre la rapidez y cantidad de cambios increíbles que caracterizan nuestros tiempos. Tan rutina que es común dejarlo en el nivel anecdótico. Pero cuando escuchamos predicciones específicas ya no de 50 o 20 años, sino 15, 10 o incluso 51, parece cada vez más difícil mantener la mente en calma. Algunas predicciones implican un cambio tan radical que ponen en tela de juicio hasta nuestros valores más básicos. Esto lleva naturalmente a cuestionarnos si nuestra manera actual de entender cómo funciona el mundo en sus distintas esferas, seguirá vigente en estos nuevos escenarios desconocidos. ¿Hasta qué punto los sistemas que organizan la sociedad actual pueden haber quedado obsoletos para los desafíos que deberemos enfrentar?
El nivel de correlación y comunicación entre las distintas esferas en las que podemos dividir la vida en sociedad (económica, política, educativa, entre otras) nos sugiere movernos hacia un análisis sistémico. ¿Cuáles de estas áreas estarán menos preparadas para nuevas circunstancias?
Uno de los debates candentes actuales está relacionado a los cambios que vendrán, dada la creciente influencia de las tecnologías de automatización en las más variadas industrias. Desplazamiento de grandes cantidades de trabajadores, cambios radicales en los sistemas productivos. ¿Qué modificaciones serían necesarias para soportar estas nuevas tensiones? Discusiones sobre la posible necesidad de un sistema de Asignación Universal Básica (Universal Basic Income)2 han llenado las agendas de foros y conferencias a nivel mundial. Varios experimentos3 relacionados a la aplicación de este tipo de sistema se han desplegado por todo el mundo. Esta idea puede llegar a encontrar sus inicios tan atrás como fines del siglo XVIII, muchas veces relacionada a una ideología de izquierda. En el debate actual, distintas versiones de UBI son planteadas desde distintas partes del espectro. ¿Cuánto influencia la existencia de ideologías establecidas a la capacidad de implementar nuevas propuestas?
Las herramientas de Big Data se han estado desarrollando de manera exponencial. Se han probado muy útiles a la hora de evaluar resultados de nuevos proyectos o de diseñar nuevas propuestas que se adecúen mejor a necesidades específicas. Aún más, el uso de este tipo de tecnologías puede proveer una imagen más objetiva y detallada de la realidad. Se podría pensar en un futuro que tienda a políticas cada vez más basadas en evidencias concretas y menos influenciadas por preconceptos ideológicos. Según Elisabeth Mason4, nos podríamos acercar a un modelo meritocrático tecnocrático de sociedad, con evaluaciones imparciales de los proyectos y políticas que desarrolla. Teniendo un análisis más certero y objetivo de la realidad, el escenario de ideologías incompatibles compitiendo eternamente por el poder parece carecer de sentido. Es un camino hacia un mundo de evidencias objetivas, irrefutables e inevitablemente compartidas. ¿Tiene sentido seguir hablando de ideologías en absoluto? Aún en tal escenario ¿la verdad será inevitablemente compartida?
Los desarrollos en materia de blockchain parecen adquirir cada vez más fuerza. Debates sobre la necesidad de un cambio radical en nuestro sistema económico y financiero inundan los medios. Alejandro Sewrjugin fundó la iniciativa Phi Economy5 donde se propone un modelo económico descentralizado basado en la Blockchain y la proporción áurea. En sus palabras 'Blockchain nos humaniza porque nos permite hacer conexiones y transferencias de persona a persona, elimina la intermediación'.
Mucho más allá de implementaciones en economía, blockchain probó su versatilidad empujando miles de proyectos distintos que suponen cambios de perspectiva enormes. Healthcoin6 propone un sistema de recompensa al usuario por llevar a cabo prácticas preventivas contra la diabetes, creando su propio registro médico con los datos que provee, el cual se certifica mediante la tecnología de blockchain. Según palabras oficiales de la organización 'Blockchain es la mejor tecnología para conseguir cambios en el comportamiento'. Synereo7 se mete en la industria del entretenimiento uniendo a creadores y distribuidores de contenido de manera directa. Esto es un ejemplo claro del tipo de cambio tecnológico al que nos estamos enfrentando. Versátil, accesible, generalizado, distribuido. ¿Qué implicancias tendrá esta versatilidad intrínseca?
Con tan solo una breve investigación en Internet, es fácil encontrar miles de propuestas nuevas y disruptivas que pretenden solucionar problemas diferentes. No solo eso, sino que también es fácil encontrar propuestas cuyas pruebas piloto dieron resultados positivos y consistentes. Entonces, ¿cuáles son los desafíos a la hora de implementar propuestas completamentente nuevas? Peter Senge, Director del Centro de Aprendizaje Organizacional del MIT, se anima a dar una respuesta no tan convencional. Más allá de los problemas más evidentes, como escalabilidad o financiación, Peter introduce en el debate el concepto de modelos mentales.
Según Peter, los modelos mentales constituyen las profundas imágenes internas acerca del funcionamiento del mundo, imágenes que nos limitan a modos familiares de pensar y actuar. De esta manera, cuando se encuentran incoherencias entre las nuevas propuestas y los modelos mentales preestablecidos, se dificulta su implementación. Una suerte de autosabotaje. ¿Existe alguna creencia o percepción generalizada en las sociedades actuales que pueda ser incompatible con soluciones innovadoras? ¿Cómo podríamos llegar a soluciones superadoras a partir de un modelo mental anticuado?
Como bien indican los especialistas, el problema no radica en que los modelos mentales sean acotados, poco precisos o demasiado simples. El problema surge cuando estos modelos mentales escapan a la conciencia en la toma de decisiones, generando errores que son imposibles de detectar en el momento. ¿Hay alguna base de preceptos de la cual partimos para tomar decisiones que deberíamos cuestionar? ¿Alguna verdad que consideremos absoluta sin realmente analizarla conscientemente?
El mundo está claramente en rumbo a un destino del que no tenemos certezas. Un destino radicalmente diferente que demanda nuevas maneras de entender la realidad que nos rodea, nuevos valores, nuevas estructuras… o tal vez no. Nunca hubo un momento más certero para discutirlo ¿Qué rol querés tener en este rompecabezas impresionante?

Liderando en lo desconocido

En sintonía con la tecnología
Hoy en día, vivimos en un mundo globalizado, donde un acontecimiento que ocurre en un lugar determinado puede tener resonancia en otro, por más lejano que sea. Cada evento, a su vez, puede generar una serie de consecuencias que como efecto dominó logre a su vez otros cambios. El mundo está en metamorfosis constante. Nada es inalterable, nada es eterno.
Los seres humanos forman grupos por naturaleza. Desde las épocas más primitivas, se comprendió que permanecer en grupos aumentaba la probabilidad de sobrevivir. No sólo por cuestiones reproductivas, sino también por protección, búsqueda más eficiente de alimentos, entre otras. Hoy en día formamos grupos casi constantemente: nuestra familia, nuestros amigos, en nuestros trabajos, como nación y como ciudadanos del planeta Tierra.
Según David Logan, consultor especialista en cambios culturales, estrategia y negociación, cuando los individuos se juntan y encuentran algo que los une, algo más grande que sus competencias individuales, el grupo se amalgama. Se transforma de ser un grupo motivado, pero levemente centrado en sus individuos, a ser algo grandioso; una tribu que toma conciencia de su propia existencia. Pero, ¿siempre se logra que el interés común prevalezca sobre el interés individual? ¿Es tarea del líder conseguir la armonía entre ambos?
A su vez, los grupos necesitan a alguien que ayude a orientar el rumbo. Liderar consiste en dirigir a un grupo de personas hacia un determinado fin. Dicho fin es el que le da un propósito al grupo. Suele ser fijado al comienzo de la formación del mismo y si todos están de acuerdo, entonces sus esfuerzos podrán “tirar para el mismo lado”. Sin embargo, ¿siempre tenemos los objetivos pautados claramente en todos los grupos a los que pertenecemos? ¿Puede, en cambio, haber grupos formados por tradición, creencias, afinidades o incluso por inercia, que no tengan un fin determinado?
Si realmente hay un objetivo pautado, la próxima cuestión que abordaremos será “¿cómo llegaremos allí?”. Al momento de planificar, la persona que esté a cargo tiene que encontrar la manera de prever posibles inconvenientes y obstáculos que podrían llegar a aparecer. Pero ¿cómo se puede planificar cuando el escenario global está en continuo cambio? ¿Cómo podríamos hacer para acortar el gap entre lo que conocemos y lo que desconocemos?
Con la globalización actual, uno tiende a creer que tiene acceso a información acerca de todo lo que está sucediendo en cualquier parte del mundo al instante. Sin embargo, la comunicación es una de las áreas más subjetivas, ya que para que un mensaje sea transmitido de manera eficiente, tanto el emisor como el receptor deben estar en sintonía. Por ejemplo, la persecución en Myanmar1 ejecutada por el poder militar forzando a cerca de 400.000 musulmanes de la comunidad Rohingya fuera de sus hogares, tuvo una cobertura excepcionalmente pobre. La desinformación llegó a tal punto que se habló de un “agujero negro de noticias” fabricado por el propio gobierno de la ciudad foco del desastre. De esta forma, dado un acontecimiento habrá mucha gente que no se enterará, ya sea porque dentro de sus círculos sociales no se hable de esos temas, porque su gobierno prohiba esas noticias o porque simplemente no se cruzó con esa información. En nuestro día a día elegimos qué portales nos interesan y nos informamos a partir de ellos. Solemos elegirlos por idioma, por afinidades (políticas, religiosas, culturales), por medio de transmisión (diarios digitales, videos, radio, por nombrar algunos) o simplemente porque es lo que tenemos con mayor facilidad de alcance. Entonces, ¿es cierto que siempre tenemos acceso a toda la información? Si realmente se informa de todo lo que pasa en todas partes del mundo, ¿esa cantidad de información tan masiva puede llegar a saturarnos? Y si es así, ¿cómo podemos tomar decisiones basadas en nuestra creencia de conocimientos, cuando detrás de lo que sabemos hay una infinidad de cosas que en realidad desconocemos?
¿Cómo elegimos a nuestros líderes? ¿Es lo mismo ser “el que lidera” y ser el líder? El modelo clásico del líder y sus “súbditos”, ¿será suficiente para afrontar la situación dinámica actual? ¿O en cambio habrá formas más adecuadas para liderar en el mundo del siglo XXI? Por ejemplo ¿podríamos hablar de un liderazgo en masa, en el que a través de la tecnología se puedan tomar decisiones pequeñas y particulares? Asimismo todo esto nos lleva a cuestionar si el poder del líder radica en su título como tal o si es dependiente de cada persona que ocupe dicho rol.
Simon Sinek, autor de Start With Why: How Great Leaders Inspire Everyone to Take Action, afirma que los líderes son aquellos que poseen poder o autoridad, pero los que lideran son los que nos inspiran y nosotros no los seguimos porque debemos, sino porque queremos. Él hace hincapié en la importancia de saber el porqué de lo que hacemos y llega a la conclusión de que los que tienen la habilidad de inspirar a aquellos que los rodean, son los que empiezan preguntándose “¿por qué?”. Esto nos lleva a reflexionar si es posible mantener la posición de autoridad y a la vez contagiar inspiración siendo líder. ¿Esa inspiración podría transformarse eventualmente en fanatismo de sus seguidores? ¿En dónde está el límite? O en cambio, ¿podría ser utilizado el liderazgo como puente para acercar opiniones antagónicas?

*Las opiniones e ideas en estos textos fueron escritas como disparadores para facilitar la redacción del ensayo necesario para aplicar al SABF. No deben tomarse como verdades inobjetables. En caso de estar en desacuerdo con algunos de los puntos, se incita a los aplicantes a que lo comuniquen en sus textos.